martes, 22 de mayo de 2018

PECADO ORIGINAL






Ambos nos dejamos llevar y probamos la manzana,
Aún a riesgo de perder para siempre el paraíso,
Y caminamos juntos sobre las brasas del infierno,
Si importarnos los tabúes, ni el tiempo.

La noche nos descubre desnudos y abrazados,
Me llamas Adam y yo a ti te llamo Eva,
Bailando al compás que nos toca la pasión,
Sin importarnos en qué lugar quedo la ropa.

Nos quemamos en las llamas del deseo,
Nuestros cuerpos se derriten al tacto de nuestras manos,
Nuestros labios van pasando de las palabras a los hechos,
Dándole formas curvas a la más lujuriosa fantasía.

Mi lengua juega en la fuente de donde nace la vida,
Calmando mi sed mientras tú te estremeces,
Busco el punto para desatar en ti la locura,
Que te haga volar más allá de las sensaciones.


Te subes a lo alto llevándonos al sétimo cielo,
Mientras tus caderas se mueven a un ritmo endiablado,
Y sin querer estallamos al unísono, sin remedio,
Sintiendo que ya solo somos, una sola alma.

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