Si alguna vez me pierdo,
búscame
entre el misterio y la naturaleza,
donde los
cerezos y olivos se visten de flores,
en calles empinadas o en las
casas con tejados de piedra,
en el silencio, en la calma y en la
soledad.
Si alguna vez me pierdo,
búscame
donde los arroyos llevan más pura el agua,
en el monte entre
brezos, zarzales y jaras,
en los bosques de eucalipto, pinos y
castaños,
o en los huertos sembrados de cebollas,
tomates y patatas.
Si alguna vez me pierdo,
búscame en
cualquiera de los molinos,
pensando tranquilo a la sombra de un
ciruelo,
en barrio judío, cristiano o moro,
debajo de los
portales refugiándome del frío,
o caminando y viendo la escarcha
que deja el invierno.
Si alguna vez me pierdo,
búscame en
los abrazos de mi gente,
en la bondad de mis añorados
paisanos,
al lado del puchero que hierve en la lumbre,
en el
río de los ángeles bañándome en el verano,
o en los caminos
que llevan a los prados.
Si alguna vez me pierdo,
búscame
donde la primavera tiene mil colores,
donde en el campanario
anidan las cigüeñas,
donde el corazón se llena de amor, alegría
e ilusiones,
donde sueña el caminante y La Paz inspira al poeta.
Si alguna vez me pierdo,
búscame
donde el viajero encuentra descanso y belleza,
un refugio para los
sentidos, el corazón y el alma,
un lugar único donde se respira
libertad,
lleno de historia, leyendas y dramas.
Si alguna vez me pierdo,
me podrás
encontrar en Extremadura,
al norte de la provincia de Cáceres,
lindando con Salamanca,
si alguna vez me pierdo,
búscame en la
mancomunidad Hurdana.






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