miércoles, 3 de marzo de 2021

LA MARIONETA


La marioneta miró fijamente al público,

y en un arrebato de valentía alzo la voz,

corto las cuerdas que ataban sus sueños,

y grito por fin soy libre para recorrer los caminos,

y coser los pedacitos de mi alma.


Miro al horizonte y decidió emprender su camino,

decidió llegar hasta el mar del que tantas veces había oído hablar,

y ver si era tan azul como le habían contado,

y si tenía sabor salado, sabor de las lágrimas que a veces derramaba,

y si era verdad que a veces la espuma blanca que soñó besaba la arena.


Preparo su mochila llena de vivencias y recuerdos,

y metió también en ella una foto de aquel que la había creado,

aquel que la puso un corazón entre tanto trapo,

y le dio las puntadas para que jamás se le saliera del pecho,

y pidió a aquella estrella fugaz que un día su marioneta tuviese alma,

y pidió a aquella estrella fugaz que un día su marioneta cobrase vida.


Recordó todas las noches que le vio llorar en silencio,

cuando por una enfermedad él perdió a su mujer,

y sintió un pinchado de tristeza en su interior,

jamás se había sentido así de triste,

y lloro por él, porque él era su padre, el único que había conocido.


Desde que él murió fue pasando de mano en manos,

manos que la ataron, maltrataron y la esclavizaron,

haciéndola trabajar de sol a sol por dinero,

hasta ese día que dejo atrás su cobardía y se llenó de valor,

para ser libre caminando de sol a sol, hasta alcanzar lo que siempre deseo.


Llego después de mucho tiempo a la orilla del mar,

y miro con asombro la arena y la espuma,

y camino hasta su orilla para saborear el agua,

y decidió meterse en él sin miedo y dejarse llevar,

se tumbó boca arriba y se dejó arrastrar por las olas hasta el infinito,

mientras se hacía de noche y el cielo se llenaba de estrellas.

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