jueves, 14 de diciembre de 2017

SIN PERMISO, NI PERDÓN



Pasan los años empujándose unos a otros,
al compás del tictac del cruel reloj,
en el precipicio que lleva al vacío del tiempo,
dejando la huella de otro año que paso,
entre el cielo y el infierno.

Pasan los años sin pedir permiso, ni perdón,
escapándose como se escapa el agua entre los dedos,
dejando su marca grabada en el cuerpo,
cubriendo la cara de arrugas y llenando de escarcha el pelo.

Pasan los años sin pausa pero con prisas,
en esta cuenta atrás que por suerte o desgracia es la vida,
poniendo los clavos a nuestro ataúd y cavando nuestra tumba,
mientras la muerte nos espera al otro lado de la laguna,
para darnos el último, fatal y helado abrazo.

Pasan los años sin apenas darnos cuenta,
dejándonos llevar como si hubiese un mañana,
sin dar importancia a cada segundo que pasa,
mirando hacia otro lado y pensando que nuestra obra es eterna.

Pasan los años y pasa nuestra vida,
como grano de arena que arrastra el viento,
como gotas de roció en la mañana,
como hoja muerta que cae del árbol.


Pasan los años y volvemos a ser polvo,
pasan los años y apenas somos un recuerdo.

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