miércoles, 28 de diciembre de 2016

ADÁN

Una serpiente le ofreció su carne,
y juez con toga y martillo lo sentencio,
Eva lo echo con gritos a la fría calle,
sin querer escuchar su quebrada voz.

El paraíso cerro sus infranqueables puertas,
no quedaba nada mas para el en edén,
fue condenado a la maldita y vil condena,
de ganarse el pan con su sudor de su frente.

La verdad y su traición lo crucifico,
culpable se declaro de sus pecados,
mil veces desconsolado grito y lloro,
miro pero no hallo nadie a su lado.

La soledad recorrió su cuerpo,
quiso dejar su vida una mañana,
de bar en bar escupió el veneno,
que por dentro le consumía y mataba.

Deambulo por montes perdidos,
llorando pidió creencia y perdón,
y un ángel moreno le tendió la mano,
y sano su maltrecho y herido corazón.

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