delante ni detrás de mí,
solo te pido que camines
a mi lado.
No te pido que pises
donde piso yo,
pero sí que mires
en mi misma dirección.
No te pido que calles
ni que me des siempre la razón,
pues me gusta aprender
de otros puntos de vista
y escuchar a otro corazón.
No te pido que te sometas
ni que te esclavices a mí,
porque ambos nacimos libres
e iguales en dignidad.
No te pido que estés
por debajo ni por encima de mí,
solo quiero que caminemos
a la misma altura.
No te pido que vivas mis sueños,
pero sí que me permitas
compartirlos contigo,
entrelazar nuestras ilusiones
y recorrer juntos el camino.
No te pido que me quieras,
porque el amor no se exige,
pero sí que me respetes,
porque sin respeto
hasta el amor más grande se debilita.
No te pido tu vida,
ni que renuncies a ser quien eres,
solo deseo que el tiempo nos encuentre
envejeciendo lado a lado,
compartiendo las alegrías,
superando las dificultades
y abrazándonos en los días grises.
No te pido que mueras por mí,
ni que me prometas la eternidad,
solo te pido que me dejes amarte
con libertad, con ternura
y con toda mi sinceridad.
Porque amar no es poseer,
ni imponer, ni dominar;
amar es respetar los espacios,
comprender y acompañar.
Es tender la mano en la caída,
ser refugio en la tempestad,
celebrar juntos cada sonrisa
y afrontar la vida con lealtad.
No te quiero delante,
ni detrás, ni por encima de mí.
Te quiero a mi lado,
libre, sincera y compañera,
porque no quiero caminar por ti
ni que camines por mí,
sino compartir contigo
el maravilloso viaje que es vivir.

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