Miradas que buscan otras miradas,
ojos que se encuentran en medio de la nada,
sonrisas que despiertan nuevas sonrisas,
palabras que florecen sin ser pronunciadas.
Corazones que encuentran su latido,
almas que reconocen a su alma gemela,
tiempo para conocerse, paciencia en la espera,
sueños que duermen y sueños que despiertan,
pasión, locura y amor sin prisas,
amor sin fronteras ni barreras.
Ilusión y esperanza en cada amanecer,
minutos interminables cuando tardas en volver,
soledad cuando la vida un instante te aleja,
y sonrisas, lágrimas y besos
cuando el abrazo por fin llega.
Lo centras todo en ella,
en su mirada, en su voz, en su presencia;
todo a su alrededor nace, crece y navega,
como un mar que descansa en la calma,
como un océano que ruge en la tormenta.
Porque en ella la vida encuentra su paz,
en ella los sueños vuelven a volar,
en ella cada día tiene sentido,
y cada latido se convierte en un motivo
para volver a amar.
Cada mañana das gracias a Dios
por el regalo de haber podido conocerla,
por cruzar su camino con el tuyo,
por tener la dicha de sentirla tan cerca.
Y cada día, cuando vuelves a mirarla,
descubres algo nuevo que te enamora;
porque el amor, cuando es verdadero,
no conoce finales ni se agota:
renace con cada beso,
despierta con cada mirada
y vuelve a florecer a cada instante,
como si fuera la primera vez
que tu alma se enamora.