Un destello en el silencio,
en esta noche callada,
mi imaginación navega
hasta lo más hondo y profundo
de mi corazón y de mi alma.
Hay una imagen nítida y clara
que despierta un sentimiento,
una luz que me recuerda
que aún quedan sueños por vivir
y mil motivos para hacerlo.
Como una cicatriz que un día dolía
y hoy me enseña a caminar,
comprendo que hasta las heridas
nos ayudan a madurar.
Los recuerdos van y vienen,
como las olas sobre la playa,
pero ya no rompen mi calma
ni oscurecen mi mañana.
Me llevan desde la noche
hasta el alba esperanzada,
donde el sol pinta de colores
los rincones de mi alma.
Una y mil veces me dije
que te tenía que olvidar,
pero hoy ya no me maldigo
si te vuelvo a recordar.
Porque amar nunca fue un error,
ni perderte fue el final;
hay despedidas que nos enseñan
a volvernos a encontrar.
Cuando los primeros rayos del día
se cuelan por mi ventana,
el sueño abandona mis ojos
y una sonrisa me acompaña.
Respiro el aire de la mañana,
siento la vida dentro de mí,
y descubro que aún me esperan
mil caminos por descubrir.
Ya no le temo al pasado,
ni al mañana por llegar;
he aprendido que la vida
siempre nos vuelve a brindar
una nueva primavera,
otra razón para soñar
y la inmensa alegría
de volver a comenzar.
Y si alguna noche el recuerdo
vuelve a llamar a mi puerta,
le abriré sin miedo al dolor,
con el alma tranquila y despierta.
Porque hoy sé que la felicidad
no consiste en no haber llorado,
sino en volver a sonreír
después de haberlo pasado.
Y mientras brille una estrella
y el sol vuelva a despertar,
seguiré abrazando la vida,
con el corazón abierto
y mil razones para amar.

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