Como cada día, vivo el presente,
consumo cada segundo como si fuera el último,
como una droga que me quema por dentro
mientras la vida se consume a su paso.
Cada segundo me acerca un poco más al día de mi partida,
aunque ya me he acostumbrado a morir,
porque, de un tiempo a esta parte,
muero cada noche,
para volver a nacer en este cuerpo,
con la llegada de cada mañana.
Y así comienza un nuevo día,
sin fuerzas, sin ganas,
respirando e intentando vivir
cada hora,
cada instante, cada segundo…

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