Su mundo
Su mundo era tan real como ella.
Era el mundo de los muchos,
un mundo repleto de cosas, de prisas y de apariencias;
de acumular viernes, dinero y sueños comprados.
Era un mundo de restaurantes caros, de marcas y escaparates,
un cuento de hadas donde la felicidad siempre parecía estar un paso más adelante.
Mi mundo
Mi mundo era sencillo.
De esos en los que no importa el lugar, sino la compañía.
Era de risas compartidas y un bocata en un banco,
de comer en cualquier rincón si el momento era bueno.
De entender que el valor no lo pone una marca, sino lo que se siente al vivirlo.
Mi mundo era el ahora:
un abrazo, un beso, una mirada sincera.
Mi mundo no entiende de acumular para sentirse completo.
Solo entiende de vivir, de sentir y de regalar tiempo a quienes lo merecen.
Porque mi mundo nunca necesitó tener más;
solo necesitó hacer eterno el próximo segundo.


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